lunes, 14 de mayo de 2012

Ciencia Terrorífica

O los cientificos chiflados.
La locura de un científico que no pone su trabajo al servicio del bien puede llegar a ser muy peligrosa. Por fortuna no siempre es así y son muchas las veces que la historia ha demostrado que un poco de locura, puede ayudarnos a encontrar aquello que andábamos buscando.

Debe ser que en la locura, tal y como dijo el filósofo Nietzsche, uno de los mejores locos que ha dado la historia, siempre hay algo de razón.

Aristóteles, precursor de la biología y de la anatomía, sostenía que los testículos solo servían de contrapeso al pene erecto. Afirmando que, un cuerpo pesado, cae a mayor velocidad que uno ligero. El disparate se consideró verdad durante casi 19 siglos, hasta que apareció Newton y puso las cosas en su sitio.

El griego nos dejó otras perlas científicas como ésta: “El cerebro del hombre es más grande que el de la mujer, y el cráneo masculino cuenta con un mayor número de suturas, para que el cerebro respire con mayor facilidad”.

Como vemos, los genios también se equivocan.
Paracelso y su homúnculo, el médico y naturalista suizo precursor de la homeopatía, no debía estar conforme con el ciclo natural de las cosas, y se sacó de la manga una receta para fabricar un ser humano diferente al que resulta de la procreación natural: “se deja pudrir el esperma de un hombre en un recipiente durante cuatro días o hasta que, al final, comience a vivir, moverse y fijarse. Pasado ese tiempo, se parece, hasta cierto punto, a una criatura humana; pero aún es translúcida y carente de cuerpo. Tras este tiempo, se nutre a diario y se alimenta cautelosa y prudentemente con el arcano de la sangre humana y se mantiene durante 40 semanas con el calor continuo e igual de un vientre equino; entonces se transformará en un bebé verdadero y vivo, con todos los miembros de que está provisto el nacido de una mujer, pero mucho más pequeño. Se trata aquí del denominado homúnculo, que después debe criarse con el mayor cuidado y celo, hasta que se desarrolle y comience a adquirir inteligencia".

Éste es uno de los secretos revelados por Dios al ser humano mortal y fiable.

Los fantasmas de Wright.
El científico alemán Donald A. Wright utilizó sus conocimientos de física y de la mecánica cuántica para explicar las propiedades de los fantasmas.

En su estudio, Wright llegó a las siguientes conclusiones: “son tan livianos que solo es posible verles con muy poca iluminación, pues la presión que la luz ejerce sobre los cuerpos les echaría rebotados debido a esa ligereza. De ahí que solo salgan por la noche”.

Según Wright, la masa de un fantasma es pequeñísima, muchísimo menor que la de un solo electrón. Ello significa que si al aplicarle una cantidad ínfima de energía su masa se acelera a una velocidad cercana a la de la luz. Por eso el físico afirmaba que no hay por qué temer a los fantasmas, pues basta con hablarles de cerca para enviarles más allá del sistema solar.

John Nash, el genio esquizoide.
El científico que rebatió con su ‘sistema de equilibrio de mercados’ -aún vigente-, las teorías del economista Adam Smith, padecía de esquizofrenia paranoica.

Cuando uno de los profesores del MIT (la universidad de ciencia considerada como la mejor del mundo) le preguntó que cómo podía un hombre tan inteligente y lógico creer que los extraterrestres le enviaban mensajes, su respuesta fue la propia de un genio como él: “Porque las ideas sobre seres sobrenaturales vinieron a mí de la misma forma que las ideas matemáticas. Por eso las tome en serio”.

A finales de los 80 su salud mejoró y en 1994 le otorgaron el Nobel de Economía. En su discurso, Nash afirmó lo siguiente: “Parece que pienso otra vez racionalmente, de la forma que caracteriza a los científicos. Sin embargo, eso no constituye un motivo para la alegría completa, como si pasara de la invalidez a la buena salud. La racionalidad de pensamiento impone límites en el concepto de mi relación personal con el cosmos”.

La película "Una mente maravillosa" cuenta su fascinante historia.

Elemental, querido Watson.
El Premio Nobel de Medicina James Watson, codescubridor de la estructura del ADN, afirmó recientemente que los negros son menos inteligentes que los blancos. La condena social que han recibido sus declaraciones han provocado la renuncia de Watson al puesto que tenía en el importante laboratorio estadounidense Cold Spring Harbor. No era la primera vez que Watson cometía una pifia como ésta; en su día llegó a afirmar que una mujer debería tener derecho a abortar si los análisis preparto mostraban que su hijo iba a ser homosexual.

Ahora que tiene tiempo, Watson debería aprenderse bien el artículo 2 punto 2 de la Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales aprobada por la UNESCO, todo un alarde de cordura que dice así: “Toda teoría que invoque una superioridad o inferioridad intrínseca de grupos raciales o étnicos que dé a unos el derecho de dominar o eliminar a los demás, presuntos inferiores, o que haga juicios de valor basados en una diferencia racial, carece de fundamento científico y es contraria a los principios morales y éticos de la humanidad”.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, no utilices palabras mal sonantes a menos que tu inteligencia no te lo permita.